Como cuando mi sentido común y mis emociones, salvo a sus diferencias, consiguen ponerse de acuerdo.
Es cuestión de asimilar que hay y que no, y qué es lo queda por venir...
Es algo extraño, imprevisible. Huelo a nuevo y a miedo.
Tengo miedo. Tengo ilusión. Tengo ganas. Tengo rabia. Tengo el blog infectado de cursiladas. Tengo hambre, de ti. Tengo sospecha. Tengo sueño, contigo. Tengo curiosidad. Tengo gente, que habla. Tengo empatía. Tengo rencor. Tengo celos. Tengo debilidades, tú. Tengo dudas. Tengo cariño, en exceso. Tengo odio, cero. Tengo dolor. Tengo inquietud. Tengo felicidad, por tu culpa. Tengo recuerdos. Tengo bajones. Tengo metas. Tengo asumido que te quiero. Tengo miedo, otra vez.
Y es en ese concreto instante cuando me doy cuenta de que ya soy concursante de nuevo. Me han vuelto a admitir en este maldito juego de los cojones en el que ni si quiera envié mi solicitud para poder participar. Y esta vez el mecanismo es mucho más complicado. Se ha agarrado fuerte y no tiene ganas de irse. Es un puto parásito. Es peor que un alucinógeno. Es la cruda realidad. Es el momento en el que me grito a mi misma: - Pedazo de gilipollas, respira y prepárate:
Prepárate para oír e ignorar, para dar y no esperar, para ver y tragar, para soñar y despertar, para querer y dejarse hacerlo aún más. Para arriesgar. Para apostar. Para ganar.-
Para aprovechar este tiempo indefinido. Para reír. Para disfrutar, quiero disfrutar, me apetece. Para no pensar. Y sobre todo para aprender a retroceder siempre que pueda, porque nunca es tarde.
Hay tres cosas que tengo muy claras: La primera es que lo quiero. Lo quiero de una forma excéntrica, única en mi especie, tan rápido y tan real que casi no me asusta. La segunda es que lo conozco; inesperado y sugestivo, único en la suya. Esto si que me asusta, es incluso estresante, me desespera, me encanta.
La tercera es mi principal objetivo: Dejarme llevar, mantener el buen humor por todo lo alto, vivir y mucho mucho mucho:

No hay comentarios:
Publicar un comentario