soy el cerebro, ese órgano que vive dos manzanas más arriba que tú.
Quería recordarte que, conoces de sobra lo que es querer y no poder. ¿Por qué sigues sonriendo cada vez que recuerdas su voz?
Sólo te va a hacer daño. Toma conciencia de que esas mariposas que se han instalado en tu estómago morirán y después quedarán restos de rencor y arrepentimiento. Sabes que tus miradas nunca serán de complicidad, y mucho menos de eso a lo que llamas amor. Dime entonces, cariño, ¿por qué lo necesitas a él para que te recuerde qué se siente al mirar a alguien tan especial? a ese alguien al que parece que conoces de toda la vida, y no, no es así.
Nadie mejor que tú entiende esta historia a la perfección, y te escribo para mantenerte alerta porque probablemente se repita. Pero como de costumbre, seguirás sin hacerme caso. Seguirás ilusionándote con pequeños detalles y soñando tal vez, con un mañana sin si quiera haber un hoy.
Ay, pequeño Corazón, sé que vas a continuar saltándote mis normas, aunque a fin de cuentas, ambos sabemos que llegaré en el momento adecuado para darte una pizca de madurez y esa dósis de realidad que tanto te hace falta...
El que avisa no es traidor, cuidate.
Cerebro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario